¿Seremos tan diferentes?

Las noches estrelladas en Villa La Angostura tienen algo de magia y misticismo. Reunidos alrededor del fogón, oyendo el crepitar de los leños y al calor de las llamas, rodeados de la espesura inmensa del bosque patagónico, tres amigos comparten unas cervezas y observando la inmensidad del cielo estrellado, inicia la charla.

Arisnando: - Muchos han sido los interrogantes a los que los filósofos han querido dar respuesta desde los inicios de esta disciplina[1] que nos hemos dado en estudiar, tan amada y tan controversial al mismo tiempo. Coincidiréis conmigo en que uno de dichos interrogantes que mantiene su vigencia desde entonces hasta nuestros días, es ¿Qué nos constituye como seres humanos? ¿Aquello que nos diferencia del resto de los animales es una cuestión cuantitativa o cualitativa? Os propongo esbozar, en esta noche estrellada, un ensayo de respuesta.

La reacción ante la propuesta de desafío filosófico no se hizo esperar. Fue Abastian quien rompió el silencio pensante que se impuso tras el planteo de las preguntas de Arisnando.

Abastian: Comprendo la intención final de tu pregunta Arisnando, pero desde la ciencia biológica ya podemos tener una primera definición sobre lo que el ser humano es. Se ha demostrado científicamente que el ser humano pertenece a la especie de los primates y dentro de ella a los homínidos, siendo un  particular de homínido que es el homo sapiens – sapiens.

Arisnando: ¿Debemos inferir de tus palabras, Abastian, que basas tu comprensión del ser humano en una perspectiva biologicista y por lo tanto la diferencia de aquel con el resto de los animales es cuantitativa?

Abastian: Lo que intento destacar es que este detalle no es menor a la hora de tratar de esbozar una respuesta a la cuestión propuesta, ya que a lo largo de nuestras enunciaciones es probable que nos topemos con características que el ser humano comparte con sus parientes homínidos, extintos ellos todos, con sus parientes primates e incluso con otras especies animales, lo cual ya nos da un indicio que la respuesta a la que trataremos de arribar, probablemente con más pena que gloria, deberá basarse en más de una característica, ya que de no así sería muy sencillo encontrar un ejemplo dentro de nuestra especie o de otra que dé por tierra arrasada nuestro intento intelectual.

Luego de un breve lapso de silencio fue Beatriz quien tomó la palabra.

Beatriz: Bien Abastian, tener presente la constitución biológica del ser humano para no ser tomados por sorpresa ante una contra argumentación no es detalle menor, pero debemos coincidir en que primates, homos y otras especies son parte de una creación, así como la creación del mundo. Entiendo que podemos discurrir largamente sobre si dicha creación ha sido realizada por un Dios creacionista, por una explosión como la desarrollada por la teoría del Big Bang, por una mutación de energías,  o por algún otro intento de explicación sobre el origen del mundo y de los seres que pudiera surgir en este discurrir. Pero ¿acordaréis que dicha discusión excede el planteo de esta noche y puede llevarnos al ámbito de la metafísica, e incluso escapársenos el objetivo y comenzar a teologizar en lugar de mantenernos dentro de nuestro amado filosofar?

Abastian: Claramente acordamos

Beatriz: En este punto, creo que, previo a intentar esbozar una respuesta al interrogante planteado, respuesta que no podrá ser considerada ni brillante, ni original, pero sí será auténticamente nuestra respuesta, deberíamos dar una propia definición de aquello que entendemos por persona, ya que no es poco frecuente que dicho término sea utilizado como sinónimo de ser humano, especialmente en nuestra época actual, desde donde desarrollamos siempre nuestras argumentaciones, y en el cual ya no es válido hablar del Hombre, como genérico del ser humano tal como lo hacían los antiguos. Por lo tanto, la primera disquisición será definir al ser humano diferente del término persona, ya que entiendo esta última como una concepción más ligada al término de ciudadanía. Dentro del vientre materno se gesta un ser humano, el cuál se convierte en persona a partir de su nacimiento, de su designación con un nombre y, en la actualidad, con un número de identidad. ¿Coincidiríais conmigo en que aquí ya podemos encontrar una primera diferencia entre el ser humano y el animal? A saber el ser humano necesita nombrarse, darse un nombre y una identidad única y propia frente al otro, para tener conciencia de sí mismo y del otro.

Arisnando: Hablas con verdad.

Beatriz: Los animales, por su parte, se reconocen entre pares y reconocen a otro animal pero no se nombran. “La conciencia de sí y la facultad y posibilidad de convertir en objeto la primitiva resistencia al impulso, forman, pues, una sola estructura inquebrantable, que es exclusiva del hombre.” (Scheler, 1994, págs. 51,52) Nuestro vivir en sociedad, a diferencia de su vivir en manada, implica desde tiempos ancestrales darnos una identidad extra foránea de nuestra propia humanicidad, esto es convertirnos en personas para ser reconocidos por el otro incluso siendo el otro un desconocido ya que en el caso de conocernos como seres no sólo debemos conocer nuestra identidad persona y nuestras características de materia, los accidentes como diría Aristóteles, sino que debemos conocer en parte su humanicidad, ya que, de acuerdo con Jaspers, no podemos afirmar que del ser humano podemos conocer la totalidad ya que nos es imposible conocerlo como objeto. “Lo que es el hombre no podemos agotarlo en un saber de él, sino solamente experimentarlo en el origen de nuestro pensar y obrar. El hombre es radicalmente más que lo que puede saber de sí.” (Jaspers, 1973, pág. 30)

Arisnando: ¿Acaso de tus palabras debemos comprender que puede darse la situación que un ser humano no sea una persona?

Beatriz: Si bien en nuestro mundo actual resulta sumamente complejo concebir la existencia de un ser humano por fuera de nuestro sistema social que nos define e identifica como persona, piénsese en el ejemplo de Tarzán: un bebé abandonado en la selva, donde no habita ningún otro  miembro de su especie y que crece bajo el cuidado de los gorilas. En la ficción Tarzán se comunica con los humanos que lo encuentran en su mismo idioma; esto sería imposible que ocurriese en la vida real ya que los idiomas son una convención. En la realidad Tarzán crecerá imitando a la manada con la cual convive, se moverá y comunicará al igual que los demás miembros del grupo. Pensemos en el caso de Víctor de Aveyron, que pese a haber sido encontrado con 2 años de edad aproximadamente nunca pudo desarrollar el lenguaje ni habilidades sociales, o el caso aún más misterioso de Lyokha, nombrado así por los humanos que lo encontraron durmiendo con una manada de lobos, tenía dientes puntiagudos y uñas bastante largas y encorvadas, su comportamiento era agresivo y no caminaba en  sus dos pies, fue trasladado a un hospital del que escapó al día siguiente y nunca más se supo de él. Diferente al caso en España de Marcos Rodríguez, que al ser vendido por sus familiares a la edad de 7 años a un cabrero vivió solo y aislado en una cueva tras el humano no sea una persona?

Abastian: Claramente se trata de un ser humano

Beatriz: ¿Las características que presentan, timidez o extroversión, simpatía o antipatía, agresividad, a qué se deben? ¿Podemos afirmar que ambos son personas?

Abastian: Profundos interrogantes has planteado. Acaso, Beatriz ¿te animas a perfilar alguna respuesta?

Beatriz: Considero desde mi perspectiva, siempre limitada por nuestro contexto cultural y provisional ya que es parte de nuestra humanidad problematizar las respuestas dadas,  que no nos encontramos ante una persona, no es nombrada, no posee una identidad donde se reconoce y es reconocido por el otro, no se comunica con los otros seres humanos y no posee su lenguaje, pero claramente estamos en presencia de un ser humano y sus características, más allá de que un comportamiento por imitación al de su manada conviviente nos intenten obnubilar, se deben a su humanidad, o en términos aristotélicos, la ousía[2].

Abastian: Pero tú misma has dicho que Marcos Rodríguez sí se comunicaba con lenguaje y pudo reinsertarse en la sociedad

Beatriz: Claramente Abastian, el tercer caso, donde una persona queda en aislamiento de la sociedad pese a subsistir de manera “salvaje” al ser reencontrada, puede reinsertarse en la sociedad de las personas, porque ya había sido formada en sus primeras etapas como tal.

Arisnando: ¿Entonces ser humano y persona han de ser lo mismo y es el vivir en sociedad lo que nos diferencia del resto de los animales?

Beatriz: Toda la anterior disquisición se presenta necesaria a la hora de dar mi definición sobre el tema, la cual será siempre sometida a revisión y no podrá ser considerada nunca una definición definitiva. Aristóteles planteaba que el hombre es una unidad substancial compuesta por materia y forma. Un animal racional cuyas operaciones específicas del alma humana son inteligencia para conocer la verdad y voluntad para elegir el bien, y esta es una de las especificidades que lo distinguen de los animales. En su concepción, el alma  es inmaterial y simple, no se descompone y es trascendente. Es decir, el alma está unida al cuerpo pues solamente así puede ejercer sus facultades. Es menester mencionar que la definición aristotélica de hombre tiene profundidad y extensión que resultan inabarcables para los fines de la presente disquisición y que lo dicho resulta no sólo escueto sino también indigno de su obra.

Arisnando: ¿Dices acaso que los animales no poseen alma?

Beatriz: Estimado Arisnando, de acuerdo a los invaluables aportes de El Estagirita, el animal posee alma, una alma sensitiva, con las funciones de la percepción sensorial y la capacidad de movimiento. El animal como el ser humano tiene la capacidad de sentir, incluso de comunicar; consideremos por  un instante la felicidad expresada por el perro al ver a su humano, mueve la cola, le salta, incluso puede ladrar y lamer al humano mostrando con efusividad su sentimiento. Ahora bien, esta comunicación que realiza el animal es instintiva, en el momento que siente esa felicidad la expresa, el animal no posee voluntad, responde a sus necesidades y sentimientos por instinto. El ser humano mantiene ciertas tendencias instintivas, sin embargo, es por su inteligencia y voluntad relacionada con la elección deliberada y consciente por lo que el ser humano da respuesta a sus sentimientos y necesidades ya sea satisfaciéndolos o conteniéndolos. Parafraseando a Mario Benedetti (1974) uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene la libertad de no hacer lo que no quiere[3]. El ser humano puede, por caso, elegir no comer, el animal simplemente come. Ahora bien, esta supresión de sus instintos y las normas que rigen en las manadas, es la que obliga al ser humano a darse formas de organización con leyes y normas para vivir en comunidad, porque es un ser social, y este vivir en sociedad implica necesariamente un marco que normalice las elecciones deliberadas individuales para garantizar la propia existencia del ser humano, incluso del bien común.

Abastian: ¿Dices que el ser humano es intrínsecamente egoísta y malvado?

Beatriz: No exactamente Abastian. Me refiero a que intrínsecamente nuestra humanicidad es verdadera y, por tanto, es bella y es buena. Sin embargo, es innegable que como seres vivimos en comunidad, en sociedad y en nuestro contacto con la otredad y en búsqueda de nuestra propia definición como personas, tomamos contacto con la bondad y la maldad dos intencionalidades que se encuentran latentes en nuestra humanidad, como la humildad y el egoísmo, elegimos deliberadamente realizar un acto bondadoso o malicioso.

Arisnando: ¿Te has definido como existencialista? ¿Son nuestras elecciones las que nos definen? 

Beatriz: Interesante pregunta Arisnando, debo responder que no en el sentido estricto entendiendo que son nuestras experiencias individuales concretas las que definen nuestra humanicidad. Hay algo en nuestra humanicidad que hace que nuestra voluntad, nuestro elegir deliberadamente nos incline por una u otra acción individual y concreta. Sin embargo, debo aceptar que coincido con el aporte de Jaspers cuando afirma que  “la filosofía es aquella actitud o actividad que esclarece la existencia, llevándola a una conciencia de sí misma y a la comunicación con los demás.” (Reale G. - Antiseri D., 1988, pág. 533). Si bien, la biología ha demostrado que algunos animales demuestran formas de pensamiento complejo y de resolución de problemas, hasta la actualidad no se han encontrado evidencias que ninguna otra especie realice desarrolle una actividad intelectual de reflexión profunda como lo es el filosofar pero es igualmente cierto que no han podido comprobar lo contrario, es decir, que los animales posean su propia filosofía y que nuestro entendimiento no llegue a develar el misterio. ¿Acordaréis conmigo que poseer un alma cuyas operaciones específicas son la inteligencia y la voluntad y que por estas operaciones puede desarrollar su filosofar son dos de las características cualitativas que nos diferencian de los animales y que sólo en los seres humanos las encontramos juntas?

Arisnando: Sin embargo no has considerado como diferencia con los animales nuestra ritualidad. El ser humano realiza diferentes rituales desde tiempos inmemoriales, incluso los realizaba antes del filosofar. El más significativo quizá, el ritual de despedir a nuestros seres queridos en su trascendencia al más allá.

Beatriz: Hablas con verdad Arisnando. La ritualidad antecede por mucho al filosofar, pero esa sola particularidad no puede diferenciarnos de los animales. Así lo han demostrado, entre otros, el denominado “patrullaje de las orcas”[4], un ritual de caza para alimentarse que poseen estas mal llamadas ballenas asesinas que limita entre la diversión y la crueldad, pero que sin embargo responde a sus instintos. Bien es cierto, que el ser humano se ha dado desde hace tiempos recónditos, el ritual del velorio y la sepultura. Este rito, más allá de una mera concepción contemporánea de salubridad, implica una trascendencia al más allá que se creía que el animal no posee. Estudios científicos han demostrado que los elefantes, que poseen una inteligencia desarrollada y son capaces de experimentar emociones complejas como el duelo y que viven en grupos sociales muy unidos, realizan rituales de duelo acariciando los cuerpos de los individuos fallecidos, incluso se ha llegado a considerar que poseen un cierto grado de consciencia de la muerte, sin embargo no realizan un rito de sepulta, no realiza un ritual de trascendencia, una característica que en la actualidad desde donde nos pensamos sólo los seres humanos poseen, aunque la comparten con otros homínidos[5].

Abastian: ¿Pero entonces sólo la filosofía nos define y distingue del resto de los animales?

Beatriz: En conclusión, considero que no es sólo esta característica la que nos define como seres humanos y nos diferencia del resto de los animales, sino que es una conjunción de  características cualitativas las que lo hacen que todas juntas sólo las encontramos en el ser humano. Es necesario e ineludible que nuestra  inteligencia y voluntad, entendida como elección deliberada, conjuntamente con nuestra definición social como personas, que nos lleva a una concientación[6][2]  de nuestra existencia finita en un universo majestuoso y misterioso, del cual no podemos dar respuesta cierta del cómo de su creación y de cuya trascendencia poseemos sólo una intuición. Es, finalmente,  esta concientación, producto de nuestra inteligencia, voluntad y definición social como persona,  la que nos abre el camino a la filosofía, a esta disciplina fundante que busca dar respuesta a la totalidad de las cosas de acuerdo a sus causas raíz y que podría ser definida más poéticamente como el arte de cambiar la pregunta cuando por fin hemos encontrado la respuesta, porque como sostiene Jaspers: “donde ya no hay preguntas, ya no hay respuestas.” (Jaspers, 1973, pág. 22). Sin embargo, por nuestra misma concientación y nuestra intrínseca búsqueda del conocimiento, es inviable que ya no haya preguntas, porque como sostiene Aristóteles (1998) todos los seres humanos desean por naturaleza conocer. Y cuando nuestra razón se queda sin respuestas,  la filosofía retomas sus orígenes míticos y religiosos para que desde la ritualización[7] podamos continuar. Como sostiene Bochensky: “La filosofía no se limita a un terreno estrictamente acotado (…) al filósofo no se le veda ninguno de los métodos de conocer.” (Bochensy, 1989, pág. 10)

Las llamas disminuyeron su calor. El crepitar de los leños es apenas un susurro. Una estrella fugaz surcó el cielo estrellado. Las miradas fascinadas siguieron su curso. Quizá alguien, incluso, pidió un deseo porque más allá de la explicación que la astronomía pudo darle al ser humano acerca de ese fenómeno, algo de mágico y místico permanece en cada una de ellas. En silencio y con nuevas preguntas asomando en sus mentes curiosas, Abastian, Arisnando y Beatriz se despidieron y se alejaron, con la única certeza que nuevas noches de preguntas y probablemente vanos intentos por responderlas estarán en sus futuros cercanos.

Bibliografía

Aristóteles. (1983). Acerca del Alma. Barcelona: Gredos.

Aristóteles. (1998). Metafísica. Libro A. Madrid: Gredos.

Benedetti, M. (1974). Poemas de otros. Buenos Aires: Alfa Argentina.

Bochensy, J. (1989). Introducción al pensamiento filosófico. Madrid: Herder.

Cordero, N. L. (2014). La invención de la filosofía. Una introducción a la filosofía antigua. Buenos Aires: Biblos.

Gambra, R. (1999). Historia sencilla de la filosofía. Madrid: Rialp.

Jaspers, K. (1973). La filosofía. Edición Digital.

Reale G. - Antiseri D. (1988). Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo 3. Barcelona: Herder.

Scheler, M. (1994). El puesto del Hombre en el cosmos. Buenos Aires: Losada.

[1] Considero a la Filosofía una disciplina y  no una ciencia, ya que la ciencia sólo se centra en el conocimiento científico, mientras que la disciplina incluye el no científico.

[2] “Hay una ciencia que se ocupa del ser en tanto que es y de aquello que, en tanto tal, le concierne”. Esto equivale a decir que esta ciencia se ocupa del fundamento, de la causa, de lo que es, y este fundamento es llamado ousía por Aristóteles, palabra de traducción imposible (si bien se ha propuesto “esencia” y “sustancia”; nosotros podríamos agregar “enticidad”.) (Cordero, 2014, pág. 159)

[3] El poema original de Mario Benedetti dice “pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”

[4] El patrullaje de las orcas es un comportamiento observado en esta especie de delfines que realizan una caza cooperativa de sus presas como los lobatos (crías de los lobos marinos). Una vez que el grupo colaborativo de orcas logra obtener una presa realiza un ritual que puede asemejarse a un juego cruel, sin embargo hay quienes sostienen que se trata de un proceso de enseñanza de caza para sus crías.

[5] El descubrimiento en el año 2015 del Homo Naledi, una especie extinta de homínido, descubierta en la Cámara de las Estrellas de la Cueva Rising Star, en Sudáfrica, puso de manifiesto por la notable cantidad de restos fósiles y su disposición que fueron hallados que los Naledi practicaban rituales de sepultura y que incluso poseían formas de arte.

[6] Concientación entendida como un alto grado de concentración de nuestra conciencia del ser, su existencia finita en este plano y una incertidumbre respecto a la trascendencia y sus características que produce una insatisfacción constante que impulsa la continua búsqueda de respuestas.

[7] Se entiende ritualización como el acto de convertir algo en un proceso sistemático que se repite de manera regular. Dentro de este marco se entienden los ritos en términos generales como una expresión simbólica de creencias, valores y tradiciones arraigadas en una sociedad o grupo específico.