LIS NAHIR MUÑOZ.


La antropología filosófica (antropología: del griego, ánthropos, 'hombre', y logos, 'razón' o 'discurso'; filosófica: derivado del griego φιλεῖν [fileîn], «amar», y σοφία [sofía], «sabiduría») se puede entender como el estudio filosófico del ser humano elaborado a lo largo de los siglos.

El tema general u objeto material de la antropología filosófica es el fenómeno humano, es decir, la serie de manifestaciones que atestiguan la presencia del hombre. Interesan especialmente aquellas manifestaciones que entrañan un cierto enigma, tales como el fenómeno del conocimiento, de los juicios de valor, de la libertad, de la comunicación interpersonal y de la religión. Su objeto formal (aspecto o ángulo especial que escoge la ciencia o disciplina para estudiar el objeto material) reside en las características humanas que posibilitan dicho fenómeno. 


La Antropología Filosófica deberá responder, dependiendo del paradigma del pensador o pensadora que responda, a la pregunta ¿Qué es el hombre?


Ya entrado el Siglo XXI nos parece pertinente dejar de hablar de hombre y comenzar a hablar, a partir de este momento, y, al menos en este trabajo de “persona”, específicamente de “persona humana”.


Desde el punto de vista de las ciencias naturales clasificamos a las personas dentro del reino animal; es más, nos auto dirigimos a nosotros como Homo (Hombre). Entonces surge la pregunta: ¿existe una diferencia entre los animales y las personas humanas? Algunos pensadores y pensadoras sostienen que no, principalmente aquellos y aquellas vinculadas a las ciencias naturales y fundamentado su posición a partir del evolucionismo darwiniano (Darwin, 2010); en cambio otros autores y autoras sostienen lo contrario, y aparecen necesariamente otras preguntas, a nuestro entender más complejas: ¿Qué nos diferencia realmente de los animales?; ¿La diferencia entre estos es de índole cuantitativa o cualitativa?

En este breve escrito trataremos de justificar el porqué de nuestra afirmación, en la cual sostenemos que la diferencia entre persona humana y animal es de índole cualitativa.

Como afirma Jaspers, hacer filosofía es una particularidad propia de la persona humana, y es esta la única capaz de razonar y de compartir dichos pensamientos a través del lenguaje, compartir porque es solo de esta manera y no de ninguna otra donde se realiza realmente el filosofar (Jaspers, 2000). Cuando se transmite, se da a conocer, se pone a disposición de otros y otras para que por medio de su razonamiento puedan enriquecer aquello que compartimos, lo cual nos lleva necesariamente a reconocer a un otro. En este aspecto, buscamos a ese otro que nos complemente ante la necesidad de compartir, que nos escuchen, que nos pregunten, que nos den su opinión: estamos necesitando de ese otro para poder lograr que nuestros pensamientos puedan ser filosofía, como decían los antiguos.La verdad es difusiva, y es en el otro donde nos complementamos, mediante el amor a la sabiduría, con el otro, porque somos con otros. Así es como cita Gevaert a otro autor en “El problema del hombre”, diciendo:

 El hombre es un ser que no se realiza a si mismo más que entregándose a los demás; que no se posee a sí mismo más que abriéndose a su prójimo… La persona no se realiza, no se perfecciona interiormente más que en la intersubjetividad de las relaciones <<yo-tú>> en el seno del mundo (Gaevaert, 1983, pág. 56).


Algunos podrían argumentar que los animales también se complementan, que se cuidan moviéndose en manada ante la posibilidad del ataque de sus depredadores, también podrían afirmar que cazan en grupos o viven en algún tipo de comunidad, o sea que de alguna u otra manera cumplen funciones durante su existencia que podríamos vincularlas a la complementariedad, incluso para la reproducción de la especie de tales animales. Pero, lo que debemos cuestionarnos ante estas afirmaciones es: ¿lo hacen mediante razonamiento?; ¿Se proyectan en relación al otro?; ¿Tienen la capacidad de elegir su posición o su actuar ante o con el otro? Entendemos que no.


Pensemos con Scheler cuando dice: “El curso de la conducta animal tiene, pues, siempre esta forma: animal-medio” (Scheler, 1994, págs. 22-23). Lo que podemos comprender en base a esta afirmación, es que los animales están insertos en el ambiente, incrustados en este, ya que no pueden desentenderse de su propia naturaleza. A estos no se les atribuye la capacidad de interpretar la realidad que los rodea, ni de elegir su rol dentro de la comunidad de esa o aquella especie en base a colaborar en la búsqueda de un fin común, o incluso no pueden proyectarse a lo largo de sus vidas en relación a sus pares. Al estar ligados y dominados por sus instintos, no son libres de ejercer sobre su vida elecciones o roles, como así tampoco tienen la capacidad de complementar a otros mediante el amor, sea en sentido social, de amistad, o de cualquier tipo, ya que, de alguna manera son presos del medio que ocupan.


Ahora que nuestra postura respecto a los animales está planteada, podemos comenzar a diferenciar a estos de las personas. Si bien los animales se reproducen, no lo hacen mediante la necesidad de complementarse, no tienen un proceso de reconocimiento del otro respecto al sentimiento, este es un acto instintivo para preservar la especie, no hay en ellos una posibilidad de entender un sentido en el vínculo con el otro, no hay una apertura en aspecto sentimental para dar ni recibir algún tipo de complemento en su actuar.


Podemos encontrarnos con quienes nos dicen que ven a ciertos grupos de animales trabajar organizadamente, pero, aun así, no pueden elegir qué lugar ocupan en la organización de las tareas que ejercen ni salirse del rol que cumplen. Un ejemplo claro en que esta teoría pierde fuerza son las abejas, ya que tienen cierto nivel de organización que puede llegar incluso a sorprender, y su trabajo es, por mucho uno de los más eficaces realizado por los animales. Pero incluso con todo lo mencionado anteriormente, no comparten con las personas el sentido ni la significación de su labor ya que, si analizamos en profundidad, podemos afirmar que, en el caso de las abejas recolectoras, estas nacen, viven y mueren haciendo lo mismo día tras día, incluso están tan inmersas en el ambiente que biológicamente aquella que es reina de la colmena es la única con las capacidades para la reproducción de más abejas.


Dejando claro el argumento que compartimos con Scheler, respecto a la limitación de los animales para elegir su accionar por la condición que les rige de estar ligados al ambiente y a sus instintos, podemos concluir que, en este caso la colaboración tampoco es complementaria, no al menos, en el sentido de la polis Platónica o Aristotélica, que buscaba el bien común como sociedad, con la capacidad de elegir hacer el bien para sumar a este fin, o ejercer un razonamiento moral para llegar a este fin. Así, y como mencionamos anteriormente, esta colaboración que se da entre los animales es un método básico de supervivencia y preservación de la especie, repitiendo constantemente las acciones naturales instintivamente.


Sin embargo, después de todo lo desarrollado no estamos exentos de escuchar a quienes afirman que hay ciertos animales, como es el caso de los loros o los hipocampos, incluso los pingüinos, que se complementan a una pareja para toda la vida. Ante este argumento planteamos lo siguiente, ¿Lo hacen con el sentido propiamente dicho de la complementariedad con el otro?: nosotros sostenemos y además explicamos por qué no. Si bien pueden hacer de su pareja un complemento hasta el fin de su existencia, quedarían fielmente ligados a esta, no podrán buscar, en el caso de perderlo, a otro que vuelva a formar parte de su complemento. Así queda demostrada la ligadura de estos animales, supuestamente complementarios, al ambiente y a sus instintos, ya que aquel que quede solo buscará constante e incansablemente a su pareja empujado por el necesidad instintiva de volver a su compañero, y es justo en esta acción donde queda en evidencia que la unión de por vida no la hacen entendiendo el sentido de la complementariedad, ya que siendo así, buscarían formar un nuevo vínculo de complementariedad en otro y no empujados a seguir buscando al mismo complemento durante el resto de su existencia.


Ya encontramos que hay diferencias notables entre las personas y los animales, diferencias cualitativas que a nuestro entender y según lo que venimos argumentando hacen base en la metafísica, además de las notables diferencias biológicas. Desde nuestro entendimiento, la diferencia entre los animales y las personas radica sobre todo en la esencia, esencia que como explicaremos más adelante, será substancia en el ser acabado como Filotelós.


Nosotros no coincidimos con Sartre cuando afirma que el ser humano primero existe y después se define (Sartre, 2006), ya que consideramos lo siguiente: todo aquello que forma parte de la realidad, exceptuando de esta afirmación a las personas, tienen su esencia ligada a su existencia. Los animales existen en función de su esencia, ser caballo, perro, vaca, etc., no tienen la capacidad racional para entenderse incompletos ni para buscar en otros aquello que les falta. Por otro lado, los objetos serán fieles a su esencia en el sentido en que fueron ideadas, entonces tanto los animales como los objetos transitarán su existencia ligada a su esencia sin sufrir alteraciones, cambios o proyecciones en relación a la complementariedad mediante la apertura a otros.


Mas allá de ser las personas seres incompletos, tienen la capacidad de saberse en esa situación, ya que la persona es, desde que nace, un ser que carece, un ser con necesidades que tiende a completar. Si pensamos en la existencia de las personas, desde el momento que estamos inmersos en la realidad, buscamos contacto, buscamos aquello que nos ayude a suplir nuestras necesidades, eso que nos complemente.


Según entendemos por lo que venimos trabajando hasta ahora, debemos hacer foco en la esencia, ya que consideramos que la esencia es aquello que el ser es, pero también lo que puede llegar a ser, recordemos que ya mencionamos que la existencia de los animales se desarrolla sin alteraciones.


De esta manera en las personas, primero debe ser la esencia, para que pueda hacer cuerpo la existencia, esto quiere decir que la esencia antecede y precede a la existencia, pero solo a la existencia material. Así es que una vez que la existencia sirva a la esencia, el ser transitará la búsqueda de las complementaciones necesarias para suplir la carencia esencial natural de las personas.


A diferencia de los animales, la esencia y la existencia no son juntas en sentido de ser en acto y potencia, o sea, un perro en acto y potencia según esencia y existencia, será acto en perro, y potencia también de perro, sin la posibilidad de ser mejor perro en existencia por alcanzar la totalidad de la esencia, porque la tiene siempre en acto, reafirmando que su existencia se dará sin modificaciones ni proyecciones.


Diferente es en las personas, que la existencia material es el medio por el cual trabajamos para llegar a la totalidad de la complementariedad para suplir la necesidad carente de la esencia, pero también la única limitante para la búsqueda de la formación del ser mediante la complementariedad que requiere la esencia, la existencia material misma.


Como venimos sosteniendo, si bien las personas somos de existencia finita, podemos encontrar una apertura a la infinitud a través de nuestra substancia, hablamos ahora de substancia porque al morir, ya el ser será acabado, la esencia carente se habrá nutrido de los complementos y no podrá seguir desarrollándose.


Así es que, cuando morimos, ya la substancia atraviesa la finitud de nuestro cuerpo en la memoria de todo aquel que haya podido captar de alguna manera nuestra substancia, sin necesariamente haber participado de la complementariedad, si no que alcanzaría solo con haberla captado. De esta forma, a pesar de no estar materialmente, nuestra existencia solo dejará de ser cuando nuestra substancia, que es particular, no compartida con todas las personas como la esencia, ya no sea recordada por aquellos que hayan llegado a conocerla de alguna manera, así será propiamente dicho el fin de nuestra existencia.

Pero no debemos caer en el error de considerar a la existencia material como contingente para la esencia, es necesario que esta permita el desarrollo de la esencia para que el ser se complemente, mediante, precisamente, la complementación constante con otro. Solo el fin de la existencia material, permitirá a la esencia terminar de complementar el ser.


Haciendo referencia a lo anterior, no debemos confundirnos con que el ser solo es al fin de la existencia, el ser es, en la unión esencia y existencia, ser perfecto e indefinido en acto y ser perfecto pero finito en potencia. Esto se debe a que solo por ser, es perfecto, pero indefinido por la capacidad humana de poder alcanzar un grado más avanzado de la esencia por el complemento mediante el amor, y, es ser perfecto en potencia por el hecho de ser, pero finito en medida de alcanzar la complementación, que será el fin de nutrir la negativa de su esencia, que será delimitada por la existencia material, por eso mismo, como dijimos, la esencia será substancia cuando el ser este acabado al fin de la existencia material y será recordada la substancia.


Habiendo argumentado las diferencias que encontramos entre personas y animales, pasamos al porqué de la carencia de complementariedad de las personas, que es, desde mi punto de vista, y como ya mencioné, la esencia natural y propia de estas.


Siempre que nos referimos al complemento, lo hacemos desde la confianza y la razón, confiamos en que aquello que damos será retribuido de la misma manera, haciendo del complemento un ejercicio al estilo Areté, mejorando constantemente hasta que la existencia material limite esa búsqueda.


Como dijimos, es una negativa lo que las personas tenemos ante la necesidad de complemento, así es que primero debemos recibir para poder dar, entonces mediante la capacidad que tenemos de razonar, entendemos que, si aquello que recibimos nos complementa y nos ayuda a alcanzar nuestra esencia complementaria mediante el amor, así mismo debemos dar nuestro complemento o ponernos a disposición de complementar al otro de la misma manera.

Entonces, recibimos por confianza lo que por razonamiento nos dieron y, confiamos en recibir lo que por razonamiento damos. Así nos complementamos, mediante el amor y por amor al fin de suplir la negativa de nuestra esencia carente de complemento. 


Somos seres abiertos a otros, al conocimiento, a la búsqueda de la verdad, a preguntas esenciales. Somos seres abiertos a buscar el complemento que nos mejore, abiertos a relaciones personales y sociales. Nos abrimos a la posibilidad, confiando y razonando aquello que nos ayude a nutrir nuestra esencia.


Buscamos nutrir la carencia afectiva mediante distintos tipos de amor, nos complementamos en otro, en relaciones de pareja, a otro como amigo, a un otro como hijo, hermana, madre, e incluso nos complementamos a una sociedad, siempre mediante amor.


Como ya mencionamos, naturalmente, la esencia humana carece del otro, y es por ello que estamos en constante búsqueda de complementarnos en cada relación; ¿Cómo podemos nutrir esta carencia innata en las personas?; mediante el amor.


Según los antiguos, el amor no se da de la misma manera en todas las relaciones, ellos distinguen en cada persona, seis tipos de amor por el cual vamos a vincularnos a las demás: Philia; Eros; Pragma; Ágape, Storge y Philautia. ¿Es esto relevante para la necesidad carente de la esencia de las personas?; afirmamos que son necesarios casi todos estos tipos de amor para poder ser seres completos, para ser, al fin de nuestra existencia Homo Filotelós.


Así como explicamos anteriormente, desde el momento que llegamos al mundo buscamos, primeramente, en nuestra madre aquella relación y cercanía, que con el pasar del tiempo se desarrollará en un vínculo complementario, y mediante el amor se saciará esa necesidad de vacío entre estas dos personas. En este caso, cuando se produce la complementariedad, el amor por el cual se desarrolla tal complemento hacia el otro será Storge: el amor que se da desde los padres a los hijos, es precisamente la característica de este tipo de amor lo que nos hace sentir seguros y cuidados cuando estamos con nuestra madre.

A medida que vamos creciendo y vinculándonos con otras personas, en diferentes grados de cercanías y vínculos sociales, comenzamos a buscar en estos y estas, otros tipos de complementariedad.


Cuando hablamos del amor de amistad, al que los antiguos llamaron Philia, podemos encontrar tres tipos, según Aristóteles:


(…) los que se aman los unos a los otros y están movidos por sentimientos mutuos de mitad se desean el bien la forma correspondiente al modo en que se aman. Los que se aman por alguna utilidad o interés no se aman por sí mismos, si no en la medida que esto les representa algún bien y provecho. De la misma manera, los que se aman por causa del placer no aman a los que son graciosos o vulgares a partir de una condición determinada, si no en cuanto les es apacible su conversación (Aristóteles, 2008, pág. 204).

Como ya hemos mencionado, debemos entender que necesariamente debe ser una amistad que sume a satisfacer la necesidad de carencia mediante el complemento, o sea que el aporte de la amistad debe ser significativa para esta relación. Si tomamos esta afirmación cabe mencionar que tanto el primer tipo de amistad, como el segundo mencionado anteriormente, no cumplen este requisito, por lo tanto, confirmamos que solo el tercer tipo de amistad es complementaria en una relación, así afirma Aristóteles cuando dice: “(…) se le ha de desear todo el bien al amigo, por el amigo mismo. (…) se requiere que la benevolencia sea recíproca, que cada uno desee el bien del otro, que esto sea conocido por cada uno de ellos (…)” (Aristóteles, 2008, págs. 203-204).

 

Esto se debe a que el complemento que las personas buscamos en la amistad es aquel en el que podamos ser abiertos a dar y recibir por la confianza al otro, sin intención de beneficencia personal más que el de complementarse para mejorar. En coincidencia con Aristóteles:

(…) la amistad perfecta y verdadera es la que ocurre en los hombres buenos y entre los que son semejantes en virtud, porque estos se desean el bien los unos a los otros y son buenos por sí mismos, les desean a sus amigos el bien por amor de ellos mismos, dado que es por su propia condición y no en forma accidental por la cual poseen tales afecciones (Aristóteles, 2008, pág. 205).


Es precisamente por todo lo mencionado anteriormente que no todos los tipos de amistad son complementarios.


Como somos seres complementarios en todos los aspectos, también buscamos ser parte de una sociedad, respetamos sus reglas con el fin de incluirnos, tendemos a ayudar a los necesitados, a ser empáticos ante las personas y estamos en contante apertura y confianza en los grupos sociales. Como seres carentes damos y recibimos amor desinteresado y caritativo, mediante el amor a la humanidad que los antiguos denominaron Ágape.


Por último, cuando nos referimos al amor entre parejas, debemos diferenciar el denominado por los antiguos como Eros, que es aquel amor basado en el deseo apasionado e intenso, del amor Pragma, que es aquel realista y racional que suele darse en parejas duraderas, Pragma es amor eterno arraigado en sentimientos románticos y de compañerismo. ¿Por qué hacemos la distinción?; 

El amor, tiene que ser significativo, para que sume a suplir la necesidad de la esencia de las personas, y debe a su vez, ser medido, esto quiere decir que para ser parte de una substancia Filotelós, todo debe tener un logos que permita que la esencia carente se satisfaga de manera ordenada, como es el amor Pragma.


Al tener que ser medido y ordenado el complemento, tanto Eros como Philautia no son parte del proceso de complemento necesario para nutrir la esencia de las personas, porque Eros es un amor desmedido y apasionado y Philautia, porque en el sentido de complementariedad que buscamos las personas constantemente, el amor propio no requiere de la apertura a otro ni de la confianza para recibir de la otra persona algún tipo de complemento.


Ante la negativa que encontramos en nuestra esencia, la carencia constante que necesita ser complementada, las personas tratamos de nutrir la falta de conocimiento con que llegamos al mundo desde el asombro y la pregunta mediante el amor por la sabiduría. Es esta característica, probablemente la que más nos distingue del resto de los entes que forman parte de la realidad, ya que estamos abiertos a entender y darle sentido a la realidad extramental en la que nos encontramos.


Siguiendo el argumento donde consideramos que solo las personas podemos captar la realidad extramental mediante el logos, todos los complementos que suplirán la negativa de nuestra esencia se encuentran en el mundo formando parte de la realidad, fuera de nuestra mente, así que para conocerlos debemos tener necesariamente la apertura hacia la realidad. Pero ¿Cómo es posible que podamos entender y conocer tanto la realidad como a los demás entes con los que nos relacionaremos?


Primeramente, debemos explicar que la realidad en que estamos inmersos es producto de un Dios creador y que, compartimos con Tomas de Aquino cuando dice que debemos partir del hecho de ser seres racionales, y por ello tenemos la capacidad de captar el logos por el que está regido el cosmos.  Este ingresa a través de nuestros sentidos externos, la vista, el tacto, el oído, el olfato y el gusto, nos permiten captar la realidad que nos rodea. Esta manera de captar la realidad nos deriva automáticamente a un proceso de abstracción para lograr al fin, el conocimiento.


Siguiendo la línea de conocimiento de Tomas de Aquino, que a su vez esta influenciado por Aristóteles. Tomas entiende, y nosotros coincidimos, en que una vez que captamos la realidad mediante los sentidos externos, el sentido común elabora por medio de la imaginación y retiene en la memoria la imagen. Una vez que se forma la imagen, se desarrolla lo que Tomas denomina como conocimiento intelectual y que solo se les atribuye a las personas, haciendo este la diferencia intelectual con los animales, el entendimiento agente abstrae lo universal, despojando a la imagen de todas sus características particulares, mientras el entendimiento paciente conoce lo universal, y aplica este concepto universal a todos los individuos de la misma clase (EDITEC, 2015).


Por esta forma de conocer por medio de la interacción con el exterior, pero también procesando internamente el conocimiento, es que las personas somos las únicas con la posibilidad de conocer la realidad y el sentido de esta por la apertura que tenemos a tratar de comprender el logos que nos rige.


A modo de cierre y basándonos en todo lo argumentado en este escrito, podemos afirmar que, somos seres con apertura hacia otros, seres abiertos a las relaciones interpersonales y que también nos abrimos a conocer la realidad que nos rodea. Ligado directamente a la apertura encontramos la confianza, ya que mediante ésta tenemos la posibilidad de animarnos a abrirnos, a confiar en el otro, a confiar en lo que pensamos y en lo que buscamos. Para concluir somos seres racionales naturales, debido a que nuestra forma de conocer, comienza desde los sentidos externos, igual que los animales, pero el giro se da, en el racionamiento que solo las personas podemos hacer para conocer las substancias individuales de nuestros complementos.


Entonces para terminar de concluir que Homo Filotelós: unión complementaria de apertura, confianza y razón natural; y los animales, somos diferentes, debemos evidenciar que la característica mas fuerte, es que nosotros tenemos la capacidad de sabernos seres con esencia carente y encontrarle, a la vez, sentido a la complementariedad con el otro para nutrir esta carencia esencial.

Bibliografía

Aristóteles. (2008). Ética a Nicómaco (1a ed.). gradifco. Recuperado el 28 de 10 de 2023

Darwin. (2010). El origen del hombre. Terramar.

EDITEC. (2015). Santo Tomás. RBA coleccionables S.A. Recuperado el 29 de 10 de 2023

Gaevaert, J. (1983). el problema del hombre (quinta ed.). ediciones sigueme. Recuperado el 28 de 10 de 2023

Jaspers, K. (2000). La Filosofía. Recuperado el 15 de 10 de 2023

Sartre, J.-P. (2006). El existencialismo es un humanismo. UNAM.

Scheler, M. (1994). El puesto del hombre en el cosmos. librodot. Recuperado el 29 de 10 de 2023