Ética y cuidado de sí: una aproximación al concepto de epimeleia heautou a partir de la lectura de Foucault.


 

MAURO GABRIEL PLATNER

Prof. y Lic. en Filosofía 


 

Introducción:

Si nos preguntamos cuáles son las tareas que debe emprender todo lector ante un texto, entendemos que dichos quehaceres tendrán que ver con identificar y comprender los conceptos más importantes que operan en él. Tal como nos enseña el horizonte hermenéutico de la comprensión, dichos conceptos cobran sentido y real dimensión cuando se los hace circular en relación con otros escritos, obras y observaciones del autor. Así, también es frecuente que quien escribe haga referencia a un texto o una noción que corresponde a otro universo temporal, espacial o cultural. En ese caso, las tareas del lector serán, por un lado, identificar la referencia en cuestión y, por otro lado, reconocer las problemáticas que el autor intenta abordar a partir de la misma.

Muchas de las obras de Foucault presentan ese desafío. En sus libros encontramos innumerables alusiones a pensadores o textos contemporáneos a su época, como también observaciones sobre conceptos, ideas o prácticas presentes en el mundo antiguo. En este escrito nos detendremos a analizar las referencias a una categoría propia de la antigüedad clásica, que el pensador retoma en obras posteriores a 1980, cuando aborda el problema de la ética en su análisis de la hermenéutica del sujeto: la noción de epimeleia heautou. Así, el propósito de este trabajo es presentar los elementos que nos permitan adentrarnos en este concepto y comenzar a comprender la novedad de la propuesta foucaultiana en relación al mismo.

Sobre el concepto, su devenir histórico y sus usos:

En una entrevista titulada La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad, Foucault declara haber asumido un nuevo enfoque en sus investigaciones sobre la relación entre el sujeto y los juegos de verdad. Señala que en sus cursos en el Colegio de Francia (los que dicta durante los primeros años de la década de 1980) ha intentado captar este problema, no a partir de las prácticas coercitivas, sino a través de lo que podría denominarse una práctica de sí mismo o práctica ascética, es decir, aquel ejercicio de uno sobre sí mismo mediante el cual se intenta elaborar, transformar y acceder a un cierto modo de ser[1]. En este marco dirige su atención hacia un nuevo concepto, a saber, la epimeleia heautou (inquietud o cuidado de sí):

Lo que me interesa de la cultura helenística, de la cultura grecorromana, a partir de aproximadamente el siglo III a. C., y hasta el siglo II o III d. C., es un precepto para el que los griegos tenían un término específico: epimeleia heautou, que significa el cuidado del propio yo. No significa solamente estar interesado en uno mismo, ni tampoco que se tenga ninguna tendencia al apego o fascinación por sí mismo. Epimeleia heautou es una frase muy poderosa en griego que quiere decir: trabajar en o estar interesado por algo. […] Describe un tipo de trabajo, una actividad; implica atención, conocimiento, técnica[2].    

De acuerdo con Nora Fiezzi, podemos identificar tres características fundamentales en esta inquietud o cuidado de sí mismo. En primer lugar, se trata de una actitud respecto de sí mismo, de los otros y del mundo. En segundo lugar, es una manera determinada de atención, de mirada. Preocuparse por uno mismo implica redireccionar la mirada desde el exterior hacia uno mismo. En tercer lugar, la epimeleia heautou designa una serie de acciones por las cuales uno se hace cargo de sí mismo, y haciéndose cargo de sí mismo se modifica, se transforma, se convierte en otra cosa[3].

Tal como lo sugiere en el fragmento citado más arriba, Foucault recorre el devenir histórico de este concepto a lo largo de, aproximadamente, siete siglos y muestra que, si bien es posible detectar la presencia de las características que señalamos en el párrafo anterior, el significado de esta expresión fue modificándose. En efecto, el pensador francés sostiene que existen diversos matices entre lo que representaba el cuidado de sí en la época correspondiente a Sócrates y a Platón y lo que luego pasó a designar, bajo el influjo del movimiento epicúreo:

…el problema general griego no era la techne del yo, sino la techne de vivir, la techne tou biou, cómo vivir. Es bastante claro, de Sócrates a Séneca o Plinio, por ejemplo, que ellos no se preocupaban por lo que pasara después de la muerte, o si Dios existía o no. Éste no era un gran problema para ellos. El problema era: ¿cuál es la techne que debo usar para vivir tan bien como debería vivir? Creo que una de las principales evoluciones de la cultura antigua ha sido que esta techne tou biou se volvió más y más una techne del yo. Un ciudadano griego del siglo V o IV hubiera sentido que su techne para vivir era cuidar de la ciudad, de sus compañeros. Pero para Séneca, por ejemplo, el problema es cuidar de sí mismo. En Alcibíades de Platón, es muy claro: hay que cuidar de sí mismo porque hay que gobernar la ciudad. Pero el cuidado de sí mismo por ese solo motivo, comienza con los epicúreos -se generaliza con Séneca, Plinio, y otros: todos deben cuidar de sí-. La ética griega está centrada en un problema de elección personal, de estética de la existencia[4].


Sócrates


Esta forma de comprender la epimeleia heautou como respuesta a un problema de estética de la existencia le resulta cautivadora. En efecto, al cabo de todo este análisis Foucault muestra particular interés por la idea del bios como material para una obra de arte y por la posibilidad de pensar la ética como una estructura muy sólida de existencia, sin ninguna relación con lo jurídico per se, sin un sistema autoritario, sin una estructura disciplinaria[5].

Ahora bien, la inclinación hacia este modo particular de comprender el cuidado de sí no implica que el filósofo proponga una especie de restauración de un principio propio de la antigüedad greco-romana o que considere que en el devenir de la filosofía occidental se haya perdido algún rumbo que resulte necesario retomar. En este sentido, declara que “no se trata de decir: desgraciadamente se ha olvidado el cuidado de uno mismo, y el cuidado de sí es la clave de todo. Nada me resulta más ajeno que la idea de que la filosofía se ha extraviado en un momento determinado, que ha olvidado algo, y que existe en alguna parte de su historia un principio, un fundamento, que es preciso redescubrir”[6].

Lejos de buscar reimplantar el pasado en la actualidad, el pensador francés entiende que la referencia a una forma particular de entender y practicar la ética, a saber, a partir del cuidado de sí, se revela como un elemento importante para la construcción de una perspectiva desde la cual afrontar y modificar el presente:

Entre los inventos culturales de la humanidad hay un tesoro de estrategias, técnicas, ideas, procedimientos, etcétera, que no pueden exactamente ser reactivados, pero que constituyen o ayudan a constituir un cierto punto de vista que puede ser una herramienta muy útil para analizar qué es lo que está pasando ahora -y para cambiarlo-. No tenemos que elegir entre nuestro mundo y el de los griegos. Pero desde el momento que podemos claramente observar que algunos de los principios más importantes de nuestra ética se han relacionado, en determinado momento, a una estética de la existencia, creo que este tipo de análisis histórico nos puede ser útil. Durante siglos hemos estado convencidos de que entre nuestra ética, nuestra ética personal, nuestra vida cotidiana y las grandes estructuras políticas, sociales y económicas siempre había relaciones analíticas, y que no podíamos cambiar nada, por ejemplo, en nuestra vida sexual o familiar, sin perjudicar nuestra economía, la democracia, etcétera. Creo que debemos desprendernos de esta idea de una relación analítica o necesaria entre la ética y otras estructuras sociales, económicas o políticas[7].

Las últimas líneas tal vez sean las más elocuentes si pretendemos esclarecer las intenciones de Foucault. Podemos observar, en efecto, que el autor no propone buscar una alternativa en los griegos como solución para un problema actual[8]. En lugar de esto, pretende utilizar el análisis histórico como recurso para construir nuevos modos de comprender -y vivir- la ética. En esta línea, la experiencia griega le permite evidenciar que entre la ética y otras estructuras existen coagulaciones históricas, no necesarias, y que es posible, por eso mismo, vincularla con la estética para pensar desde ese binomio la vida como obra de arte[9]. A esto se refiere el filósofo cuando sugiere que “deberíamos conectar el tipo de relación que uno tiene hacia sí mismo, con la actividad creativa”[10].

La importancia de esta actividad creativa se funda en la asunción por parte de Foucault de un punto de vista específico en torno a la noción de sujeto. En este sentido, lo ya referido acerca de la práctica de la epimeleia heautou y de la necesidad de pensar la ética desde una nueva perspectiva muestra que el pensador francés no parte de la afirmación de la existencia de un sujeto soberano, universal, entendido como una unidad ya dada[11]. Por el contrario, Foucault expresa: “Creo que el sujeto es constituido a través de prácticas de sujeción, o de una manera más autónoma, a través de prácticas de liberación, de libertad, como en la antigüedad; sobre la base, por supuesto, de una cantidad de reglas, estilos, invenciones, que se pueden hallar en el entorno cultural”[12].

En La ética del cuidado de sí… profundiza sobre esta cuestión y explica que estas prácticas no son, sin embargo, algo que se invente el individuo mismo. Constituyen esquemas que le son propuestos, sugeridos, impuestos por su cultura y su grupo social[13]. A su vez, entendemos que dichos esquemas se sostienen a partir de relaciones de poder, noción importante en el pensamiento foucaultiano. De acuerdo con lo que plantea en el texto referido, con este concepto engloba todo aquel vínculo en el que un sujeto intenta dirigir la conducta del otro. Se trata de relaciones que no están determinadas de una vez por todas y que, consecuentemente, pueden modificarse. En efecto, tienen como condición de existencia la libertad puesto que, de lo contrario, se convertirían en relaciones de dominación. Justamente por ello, según el autor, para que un vínculo constituya una relación de poder debe habilitarse la posibilidad de resistencia[14].

Estos aportes nos permiten comprender cómo se da el proceso creativo-artístico que propone Foucault. En concreto, de acuerdo con lo que interpretamos, cuidar de sí supone, como tarea vital, cuestionar todos los fenómenos de dominación, cualquiera que fuese la intensidad y la forma que adoptan -política, económica, sexual, institucional, etc.- y prevenir los peligros del poder. Este trabajo emparenta la epimeleia heautou con una de las funciones más importantes que el pensador le asigna a la filosofía[15]. En definitiva, se trata de un ejercicio de crítica minuciosa y punzante que, lejos de confundir el poder con el mal, combate los efectos de dominación, libera y habilita nuevos modos de ser[16].

 

Consideraciones finales:

De este modo, podemos observar que, en el marco de su preocupación por las relaciones entre el sujeto y los juegos de verdad, Foucault toma como herramienta el análisis histórico y dirige su atención hacia una categoría propia de la antigüedad griega: la epimeleia heautou. Se trata de una práctica definida como el cuidado de sí, que presenta distintos matices a lo largo del tiempo, fundamentalmente en función de su objetivo: cuidar de sí como modo de cuidar de la ciudad, tal como la comprende la tradición que surge de Sócrates; cuidar de sí por ese solo motivo, a modo de respuesta a un problema de estética de la existencia, como plantea la corriente epicúrea.

El filósofo se detiene en esta última interpretación, puesto que le permite construir un punto de vista desde el cual puede repensar la ética. Anclado en esta nueva perspectiva, sugiere que es posible abandonar la idea de una ética entendida como matriz de las estructuras sociales, políticas o económicas, y redefinirla como un modo de trabajo y de creación de un sujeto que debe afrontar la tarea de construirse a sí mismo. En este nuevo marco, el cuidado de sí se ejerce a partir de dos actividades fundamentales: cuestionar los fenómenos de dominación y llevar a cabo un ejercicio de crítica aguda que permita evitar los peligros del poder.

 


 

Bibliografía:

· Foucault, Michel: Hermenéutica del sujeto. Ediciones de la Piqueta. Madrid, 1994.

·      Foucault, Michel: “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad” (1984), en Foucault, Michel: Hermenéutica del sujeto. Ediciones de la Piqueta. Madrid, 1994.

· Foucault, Michel: “Del yo clásico al sujeto moderno” (1983), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. La marca editora. Buenos Aires, 2012.

·     Foucault, Michel: “Por qué el mundo antiguo no fue una Edad de Oro pero podemos aprender de él de todos modos” (1983), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. La marca editora. Buenos Aires, 2012.

·     Foucault, Michel: “Una estética de la existencia” (1984), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. La marca editora. Buenos Aires, 2012.

·       Fiezzi, Nora: “La Filosofía de la educación como paideia y cuidado de sí”, en Guyot, V.; Fiezzi, N. (comp): Cuestiones de filosofía de la educación. Entre la enseñanza y la filosofía. San Luís. Redafe. Nueva Editorial Universitaria, 2019.



[1] Cfr. Foucault, Michel: “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad” (1984), en Foucault, Michel: Hermenéutica del sujeto. Ediciones de la Piqueta. Madrid, 1994. Pp. 106-107.

[2] Foucault, Michel: “Del yo clásico al sujeto moderno” (1983) en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. La marca editora. Buenos Aires, 2012. P. 71.

[3] Cfr. Fiezzi, Nora: “La Filosofía de la educación como paideia y cuidado de sí”, en Guyot, V.; Fiezzi, N. (comp): Cuestiones de filosofía de la educación. Entre la enseñanza y la filosofía. San Luís. Redafe. Nueva Editorial Universitaria, 2019. Pp. 228-229.

[4] Foucault, Michel: “Por qué el mundo antiguo no fue una Edad de Oro pero podemos aprender de él de todos modos” (1983), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. Op. cit., pp. 58-59. Junto con estas observaciones, es justo aclarar que, al mismo tiempo que destaca las diferencias entre el pensamiento socrático y el epicúreo, Foucault también se ocupa de marcar los puntos de contacto entre estas dos formas de concebir la ética, para luego contrastarlos con la moral cristiana. En este sentido, en otra entrevista titulada “Una estética de la existencia” agrega: “Con el cristianismo se produjo un lento, gradual desplazamiento en relación a la moralidad de la antigüedad, que era esencialmente una práctica, un estilo de libertad. Por supuesto también ha habido ciertas normas de conducta, que gobernaban el comportamiento de cada individuo. Pero el deseo de ser un sujeto de moral, y la búsqueda de una ética de la existencia, eran en la antigüedad solamente un intento de afirmar la propia libertad y dar a la propia vida una cierta forma, en la que se podía reconocer uno mismo, ser reconocido por otros, y que aun la posteridad podía tomar como ejemplo. Esta elaboración de la propia vida como una obra de arte personal, si bien obedecía ciertos cánones colectivos, estaba en el centro, pienso, de la experiencia moral, la voluntad de moralidad en la antigüedad; mientras que en el cristianismo, con el texto religioso, la idea de la voluntad de dios, el principio de obediencia, la moralidad tomó gradualmente la forma de un código de normas (sólo ciertas prácticas ascéticas estaban más relacionadas con el ejercicio de la libertad individual)”. Foucault, Michel: “Una estética de la existencia” (1983), en El Yo minimalista y otras conversaciones. Op. cit. P. 134.

[5] Ídem, p. 59.

[6] Foucault, Michel: “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad” (1984), en Foucault, Michel: Hermenéutica del sujeto. Op. cit., p. 131.

[7] Foucault, Michel: “Por qué el mundo antiguo no fue una Edad de Oro pero podemos aprender de él de todos modos” (1983), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. Op. cit., pp. 60-61.

[8] Cfr. Ídem, pp. 53-54: “… No estoy buscando una alternativa; no se puede encontrar la solución de un problema en la solución de otro, suscitado en otro momento, por otra gente. Lo que quiero hacer no es la historia de las soluciones, y por ese motivo es que no acepto la palabra «alternativa». Quisiera desarrollar la genealogía de los problemas, de problemáticas. Mi idea no es que todo es malo, sino que todo es peligroso, lo que no es exactamente lo mismo que malo. Si todo es peligroso, entonces siempre hay algo que hacer. Por eso, mi posición no es conducente a la apatía, sino a un hiperactivismo pesimista. Creo que la elección éticopolítica que debemos hacer diariamente es determinar cuál es el principal peligro”.

[9] Cfr. Ídem, p. 61. Véase también lo que Foucault refiere en la ética del cuidado de uno mismo…: “Desde la antigüedad al cristianismo, pasamos de una moralidad que era esencialmente la búsqueda de una ética personal, a una moralidad como la obediencia a un sistema de normas. Y si me interesé en la antigüedad fue porque, por todo un cúmulo de razones, la idea de moralidad como obediencia a un código de normas está desapareciendo, ya ha desaparecido. A esta ausencia de moralidad corresponde, debe corresponder, la búsqueda de una estética de la existencia”. Foucault, Michel: La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad (1984), en Foucault, Michel: Hermenéutica del sujeto. Op. cit., p. 134.

[10] Foucualt, Michel: “Por qué el mundo antiguo no fue una Edad de Oro pero podemos aprender de él de todos modos” (1983), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. Op. cit., p. 62.

[11] Cfr. Ídem, pp. 60-61: “A partir de la idea de que el yo no nos es dado, creo que hay una sola consecuencia práctica: nos tenemos que crear a nosotros mismos como una obra de arte.

[12] Foucault, Michel: “Una estética de la existencia” (1984), en Foucault, Michel: El yo minimalista y otras conversaciones. La marca editora. Buenos Aires, 2012, p. 136.

[13] Cfr. Foucault, Michel: “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad” (1984), en Foucault, Michel: Hermenéutica del sujeto. Op. cit., p. 125.

[14] Cfr. Ídem, pp. 125-127. 

[15] Cfr. Ídem, p. 142.

[16] Cfr. Ídem, pp. 138-139.